Leal, Cesar "Chichi" Arturo

Cesar "Chichi" Arturo Leal

Deceased: October 20, 2017

Service Information:

Visitation: Thursday, October 26, 2017 4pm until 9pm
Funeral Mass: Friday, 10am at St. Alphonsus Catholic Church
Interment: Mt. Olive Cemetery

Obituary

CESAR ARTURO LEAL
“Chichí"
He was the man that you called when you needed a ride. He was the man that you called when you had car trouble. He was the man that you called when you wanted a laugh. He is with us no more.

On October 27, 2017, friends and family bid tearful farewell to César Arturo Leal, “Chichí”, two months after he hit his head in circumstances still unexplained. The capriciousness and mystery of the accident make his passing all the more painful.

Born three months premature, on April 7, 1948 in Guatemala City, Guatemala, Chichí’s healthy, happy life was not assured, but that tiny baby had a huge spirit. He went on to live a life full of laughter and love.

For those who knew him later, it may come as a surprise that in his early years, Chichí was very quiet and shy. As a young man in Guatemala, he was even known to stand outside of a party looking in through the windows, too timid to participate. This timidity did not last. It took some time, but Chichí became the life of the party, quick witted and ready with a joke. As a single man, he was notorious for his love of the ladies, and the long line of girlfriends with whom he maintained lasting friendships. Looking through a lifetime of pictures, it is hard to find one where he is not smiling.

From the first, Chichí looked after others and never expecting anything in return. As a teenager, he would visit the coffee farm where his uncle lived and volunteer to help the field workers, picking and drying the coffee beans. Years ago. seeing that she woke at 4am to do laundry in the sink, he bought his sister-in-law a washing machine that she still tends like a family jewel. He was devoted to his friends, his family, and especially his mother whom he called daily. Even after her death, as he dozed off, unaware of his own words he often muttered “Mamá”. He was protective of his older brother, Hector, who was always getting into mischief and jams that Chichí would resolve. He took friends and family into his home and if somebody was in the hospital or in jail, Chichí was the first one and the last one to visit. Everywhere Chichí saw a need, he saw a place for himself. Continue...


Messages

The man he would become was foreshadowed in his boyhood. Bright and able, he was nonetheless not fond of school. His first school was a fancy, private, Catholic school, but the formality and the uniforms didn’t agree with him. He used to cry when his mother dressed him up, and as a grown man, he had scarcely changed. With a closet full of new shirts, he preferred to wear the old ones. Even with a suit on, he always wore white socks. By age 8, Chichí insisted on changing to public school where he could be with most of his friends. He developed a love of an soccer (fútbol) that remained with him all his days. His enviable skill as a goalie brought him notice. Once he was featured in the major sports paper, El Gráfico, and for a time he considered a professional soccer career. Life got in the way.

Chichí moved to Chicago as a teenager, joining other family, seeking work opportunities and adventure. Determined to speak the language of his new home, he set about learning English and, as in all things, he was a quick study. One of his first job prospects fell through when he tried to enlist in the US Army, but was rejected for being too skinny. Capable and adaptable, Chichí did in a variety of jobs including work at a packing company and grinding lenses for eyeglasses. To the consternation of his older sister, Gloria, he spent his first Chicago paycheck on a used car, when what he really needed was a winter coat! How could he resist? Chichí was good with his hands and loved to be under the hood of his own cars and everyone else’s. Ultimately, after more than 20 years making deliveries for Two Georges Flower Shop, he retired at age 65. Thereafter, he became “Mr. Uber” for his friends and family, driving everyone everywhere.

Chichí was a man who avoided controversy; he did not come to fight. With faith that things would sort themselves out, he elected to stay on the bright side. Faced with tough circumstances or hard words, if a joke wouldn’t work, his most likely reaction was silence. Chichí lived with a smile and a wisecrack, perhaps punctuated with some salty language. If he wasn’t watching soccer, his favorite television shows were comedies. He flipped between them enjoying two minutes at a time, watching all of them and finishing none.

Chichí’s personality was a natural fit for children and they loved him as much as he loved them. Nieces and nephews were drawn to his teasing and sought him out. Although they lived apart for many years, his daughters enjoyed a loving relationship with him and cherish the memories of his visits to Guatemala and the way he would dote on his grandchildren.

Chichí is survived by his wife, Delia “Tuy” Leal, his daughters Arely and Amarilis Leal, his grandchildren Alejandra and Diego Salazar and Natalia Leal, siblings Gloria Mileham, Ramón Leal, Susana Parker and Ingrid Leal, his goddaughter/niece Ingrid Judith Leal, nieces and nephew Nora, Brianna and Colin. He was preceded in death by his parents, his brother, Hector Leal and brother-in-law Henry Mileham. His helpfulness, generosity, positivity and good humor will be sorely missed. César Arturo Leal has passed to his next life. The angels are in good company and heaven just got funnier. May he rest in peace.

CÉSAR ARTURO LEAL y MONZÓN
“Chichí"

Era el hombre a quien llamar cuando se necesitaba transportación. Era el hombre a quien llamar cuando surgían problemas con el auto. Era el hombre a quien llamar cuando se necesitaba una sonrisa. Ahora nos falta. ¿Ahora, a quién llamar?

El 27 de octubre de 2017, su familia y amigos le darán una lamentable y llorosa despedida a César Arturo Leal y Monzón, “Chichí”, dos meses después de una caída en circunstancias todavía no explicadas. El capricho y el misterio del accidente hace su muerte aún más dolorosa.

Nacido tres meses prematuro, el 7 de abril de 1948 en la Ciudad de Guatemala, una vida feliz y saludable a Chichí no se le aseguraba, pero ese pequeño bebé tenía un gran espíritu y llegó a disfrutar una vida llena de risa y amor.

Para aquellos que lo conocieron ya adulto, puede ser una sorpresa saber que en su niñez Chichí fue muy tranquilo y tímido. Cuando joven en Guatemala, observaba las fiestas a través de las ventanas; era demasiado tímido para participar. Esta timidez no le duró. Tomó algún tiempo, pero Chichí se convirtió en el alma de la fiesta—ingenioso, rápido e instantáneo con una broma. Como soltero era notorio por su aprecio de las damas. La lista de amigas es larga y cuando todo quedaba dicho y hecho la amistad sobrevivía. Mirando a través de toda una vida de imágenes, es difícil encontrar una foto en la cual Chichí no está sonriendo.

Desde el principio, Chichí cuidó de otros y siempre lo hizo libre de interés propio. Como adolescente visitaba la granja de café de su tío y le ofrecía su ayuda voluntaria a los trabajadores del campo—recogiendo y secando el café. Viendo que su cuñada despertaba a las 4:00AM para lavar la ropa a mano en un fregadero, le compró una lavadora la cual ella todavía guarda como una joya. Se dedicó a su familia, sus amigos y especialmente a su mamá a quien llamaba diariamente. Murmuraba “Mamá" inconscientemente cuando dormido años después de su muerte. Fue el protector de su hermano mayor, Héctor, quien siempre estaba haciendo travesuras y metiéndose en problemas que Chichí le resolvía. Le dio albergue a amigos y familiares en su casa y si alguien estaba en el hospital o en la cárcel, Chichí era el primero y el último en visitarlos. Dondequiera que Chichí percibía necesidad, se disponía a ofrecer su servicio.

Era inteligente y capacitado; sin embargo, no era gran amigo de la escuela. Su primera fue una ideal escuela privada, católica; pero, la formalidad y los uniformes no acordaron con él. Solía llorar cuando su mamá lo vestía con su elegante uniforme y, según pasaron los años, nunca cambió esas tendencias. Con un armario lleno de camisas nuevas, prefería usar las viejas. Incluso, cuando obligado a ponerse un traje, siempre llevaba calcetines blancos. A los 8 años Chichí insistió y logró que lo cambiaran a la escuela pública donde asistían la mayor parte de sus amigos. Desarrolló un amor por el fútbol que permaneció con él durante toda su vida. Su habilidad envidiable como portero creó interés en los círculos deportivos; fue reconocido por el más importante periódico, El Gráfico, y por un tiempo consideró una carrera profesional de fútbol. La vida intervino.

Chichí se trasladó a Chicago como adolescente, uniéndose a otros familiares, en busca de oportunidades de trabajo y de aventura. Decidido a hablar el idioma de su nuevo hogar, se dedicó a estudiar inglés; no tardó mucho en aprender. Uno de sus primeros desengaños fue cuando trató de alistarse en el ejército de los EE.UU. y fue rechazado por ser demasiado delgado. Capaz y adaptable, Chichí mantuvo una variedad de trabajos, incluyendo en una empresa de envasados y moliendo lentes de espejuelos. Para la angustia de su hermana mayor, Gloria, gastó su primer cheque de pago en Chicago en un auto usado, "¡cuándo lo que realmente necesitaba era un abrigo de invierno!" ¿Cómo iba a resistir? Chichí era ágil con las manos y le encantaba estar con la cabeza metida debajo del capote de un auto. Finalmente, después de más de 20 años entregando arreglos florales para Two Georges Flower Shop, se retiró a los 65 años. A partir de entonces, se convirtió en “Mr. Uber” y transportaba a su familia y tantas amistades a partes cercas y lejanas.

Chichí era un hombre pacífico que evitaba argumentos; él no venía a discutir. Siempre con su fe que las cosas se arreglarían solas, él elegía anclarse al lado noble. Frente a circunstancias difíciles o duras palabras, si una broma no pudiese resolver, su reacción más probable era mantenerse en silencio. Chichí pasó su vida con una sonrisa y entre chistes, tal vez floreados con un poco de relajo. Cuando no estaba mirando fútbol, sus programas de televisión favoritos eran comedias. Cambiaba programas cada dos minutos, mirándolos todos y terminando ninguno.

Le encantaban los niños y él a ellos. Sus sobrinos, atraídos por sus bromas, lo buscaban. Aunque separados por la distancia y circunstancias, Chichí siempre pensaba y añoraba a sus hijas y sus nietos. Al igual que ellas y sus nietos fueron dedicados a él.

Chichí es sobrevivido por su esposa de muchos años, Delia “Tuy”, sus hijas Arely y Amarilis, sus nietos Alejandra, Diego y Natalia, sus hermanos Gloria Mileham, Ramón Leal, Susana Parker e Ingrid Leal, su sobrina/ahijada Ingrid Judith Leal, sobrinos Nora, Colin y Brianna y bellas amistades. Le precedieron en la muerte sus padres, su hermano, Hector Leal y su cuñado Henry Mileham. Todos le echaremos mucho de menos a su amabilidad, generosidad, su vista positiva y su espíritu de bondad.

César Arturo Leal y Monzón ha pasado a su siguiente vida. Los ángeles están en buena compañía y el cielo se encuentra más chistoso.

¡Qué en paz descanse!